Carta abierta con motivo de los diez años de Peregrinus Albus


Hoy, miércoles 18 de Diciembre de 2019, Peregrinus Albus cumple diez años. Mucho ha pasado desde aquellos días en que dos locos sueltos decidieron que había que emprender este camino. Y, a pesar de todos los pronósticos, acá seguimos maquinando nuevos desafíos.

Muchos miembros han pasado y varios siguen hoy con nosotros incluso desde los primeros días. Pero también se ha renovado la energía, dando lugar a que la sangre nueva nos empuje a los más veteranos. Así es que hoy no solo cumplimos un maravilloso ciclo, sino que además nuestro Consejo de Lanzas (órgano que dirige la agrupación) renueva sus cargos y funciones en pos de los preparativos de nuestros festejos. Debo hablar en plural porque queremos celebrarlo a lo grande. Así que hemos decretado un año de festejos, renovaciones, sorpresas y premios. ¿Estás preparado?



Entre el pan dulce y la sidra del 2009, Marcelo Croce y quien escribe elucubrábamos qué querríamos hacer y cómo nos gustaría llamarnos. Como miembros fundadores teníamos muchos deseos y aspiraciones. Ideas verosímiles y disparates pasaron entre copa y copa. Finalmente, y luego de varias horas de buscar en diccionarios términos y sinónimos, dimos con la combinación perfecta. No teníamos raíces reconocidas, no teníamos un espacio donde hacer lo que queríamos y no teníamos experiencia de gestión ni académica. Básicamente nos embarcábamos hacia lo desconocido tal y como un peregrino emprende su camino. Teníamos un ideal al que queríamos llegar: el de formar una comunidad de entusiastas que quisiera compartir el mismo objetivo para que juntos diésemos lugar a esta especie de campamento itinerante. Pero no teníamos idea de cómo lograrlo. Decidimos entonces que no seríamos nobles, filósofos, religiosos ni famosos guerreros, sino simplemente un par de hombres de oficio que abrirían el camino a punta de lanza.


Con la misma humildad con la que nacimos hemos transitado estos diez años enfrentando obstáculos y desafíos, siempre con las puertas abiertas a cualquier peregrino a quien le entusiasmara integrarse a la compañía.


Decimos que partimos a la primera luz del alba y que solo descansamos cuando la noche nos abraza. Dirigir un grupo tan amplio y diverso como este es un desafío que realmente se siente así, por lo que contar con un conjunto de miembros con voluntad y tiempo para ayudar es el mayor obsequio que alguien en mi lugar puede recibir. Pronto en nuestro camino entendimos que no lo podríamos hacer solos, y así nació el Consejo de Lanzas. Gracias al esfuerzo de cada uno de los que pasaron por él logramos formar la escuela de esgrima, el grupo de recreación y el de investigación histórica. Desde entonces, pretendimos generar un espacio en el que cualquier persona que se acercara al grupo pudiese sentirse parte, en el que cada esfuerzo fuera reconocido. Claro, la tarea no fue fácil y tuvimos nuestros altos y bajos. Pero la vida está llena de contrastes y solo evolucionamos cuando nos animamos a aceptar la posibilidad del fracaso.

Nosotros nos aventuramos a desafiar lo establecido sin importar las dificultades, nos cansamos, nos entusiasmamos nuevamente, nos desilusionamos, nos henchimos de alegría. Diez años que fueron una auténtica montaña rusa. ¿Qué sería de nosotros si viviésemos ocultos y opacados detrás de un traje gris, en vez de esta vida peregrina llena de matices? Sabíamos que sería difícil, y por ello adoptamos el rojo sangre y el oso rampante como emblema, para nutrirnos de su coraje, fuerza y perseverancia. Pero también el negro, para recordar que la humildad debía acompañarnos a lo largo de todo el camino junto a la integridad de nuestros valores. Ya que las armas y la guerra serían parte de nuestras vidas de allí en adelante, la espada debía estar presente. El color blanco complementaría nuestro nombre y el plata nuestro emblema, ya que las blancas son aquellas espadas diseñadas para matar y estábamos dispuestos a dar batalla.


Así, diez años atrás nació Peregrinus Albus bajo el ruido de la pirotecnia de fin de año, sumergidos en ese estruendoso sonido de la guerra soñamos. Soñamos despiertos con todo lo que sucedería en el  futuro inmediato, lo que esperábamos lograr pasados los primeros años y lo que algún día si llegábamos a la primera década podría eventualmente ocurrir. Bueno, nos quedamos sumamente cortos. Todo lo que pudimos haber deseado, todo lo que aspiramos e ideamos fue superado con creces. Pasamos de entrenar en un garage en el que fabricamos las primeras dos espadas, a ofrecer actividades en tres sedes diferentes con seis encuentros semanales entre todas las actividades. Creímos que para este momento seríamos unos pocos gatos locos y de repente nos encontramos preparando festejos para 40 miembros. Jóvenes, grandes, hombres y mujeres. Un universo peregrino tan diverso que nadie lo podría imaginar.


Entonces, con la misma humildad con la que nacimos allá por el 2009, quiero celebrar, agradecer y dar reconocimiento a cada una de las personas que pasaron por PA. Porque sin su pequeño granito de arena jamás habríamos vencido ningún pronóstico.

Pero quiero mencionar particularmente y en primer lugar a María Paula Antelo, Fernando Trobbiani y Javier Reynoso, quienes nos acompañaron desde los primeros días al pie del cañón. A Marcelo Croce, mi gran compañero de aventuras. A Facundo Vega y Gustavo Giunta, que habiéndose sumado en el camino le dieron tanto al grupo como quienes comenzaron desde el principio.

En esta ocasión, quiero agradecer también a la vida, que me dio una madre que soportó lo que nadie: un contingente de peregrinos convirtiendo el garage de su casa en sala de entrenamiento, progresivamente en taller y hoy depósito de un sinfín de bártulos peregrinos. Gracias, Liliana Orduña, por alentarme siempre y acompañarme en mis locuras.


Y por sobre todo y especialmente a mi mujer Marisa García y a mi hijo Miguel Liparoti, por ser parte de esto. Por comprender las ausencias y por acompañarme en todo momento. No podría ser más afortunado.

Lamento invadir el blog con agradecimientos personales por primera vez, pero recordar tantas cosas deja correr algunas lágrimas y merecen que al menos una vez todo el agradecimiento y reconocimiento que les he acercado personalmente sea también extendido al público.

Semper Fidelis!

Sir Martin Farhill, director de Peregrinus Albus

Comentarios

  1. Mirá, si lo hacés una vez cada 10 años, te dejamos que hagas agradecimientos personales :D

    Me alegro de haberlos conocido casi desde el principio y haber tenido la oportunidad de seguir siendo parte del grupo aunque el cuerpo no me dejara continuar con esgrima. Mi vida sería muy distinta (más tranquila, tal vez? jajaja) si no me hubiera cruzado con esos Osos en junio del 2010.

    A preparar los festejos para el año que viene!!!!

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