sábado, 23 de diciembre de 2017

¿Cómo pasar una Navidad medieval?


Mezcla de humor y erudición, este artículo del Dr. Matthew Champion, de St Catharine's College, Cambridge, publicado originalmente en diciembre de 2014, nos da 10 consejos para pasar una Navidad como si estuviéramos en la Edad Media.

1) No te pases de la raya

La Navidad medieval no era la celebración compleja y abarcativa que suele ser hoy, así que a relajarse un poco. Navidad, la fiesta del nacimiento de Jesús, era importante, pero la Pascua lo era mucho más, y tal vez también la Anunciación, celebrada el 25 de Marzo, que recuerda el momento en que Dios fue supuestamente concebido en el vientre de María

2) Sé cauteloso

Una gran parte del mundo medieval no celebraba la Navidad, y si fueras un judío medieval, esta podría ser una época peligrosa. En Korneuburg, alrededor de 1305, los habitantes acusaron a los judíos de procurar una hostia consagrada en Navidad y profanarla, por lo cual de él “borbotearon gotas de sangre, como suda un huevo cuando es cocinado”. Historias como esta -que imaginan judíos conspirando para atacar el vulnerable cuerpo de Jesús, presente en la hostia- podía llevar a terribles represalias.

El erudito medieval musulmán Ibn Taymiyya (1263-1328) vituperaba contra aquellos musulmanes que adoptaban las festivades cristianas, particularmente criticando lo que él veía como una imitación de la Navidad en la celebración del nacimiento del profeta Mahoma (Mawlid)

3) Primero el ayuno, después la fiesta

Para quienes sí celebraban la Navidad, no duraba solo un día, sino toda un período que cubría al menos los doce días desde el 25 de diciembre hasta la Epifanía, el 6 de enero. Suena bien, ¿no? Pero hay un requisito: la Navidad estaba precedida por un mes de ayuno durante el Adviento.

El Adviento se veía como un tiempo de preparación especial para la llegada de Dios, su venida al mundo –ambos: en el niño Jesús, y al final del tiempo del Apocalipsis. El Adviento se suponía que fuera un momento de exilio, deseo, esperanza y arrepentimiento. Así que en vez de pelearte con quienes hacen las compras en los mismos negocios que vos, ¿por qué no emulás a los santos medievales y te peleás con el pecado, la tentación y los infaustos demonios?

Si destrozar demonios es demasiado esfuerzo, por lo menos mantené las comidas abundantes fuera del menú. El ayuno era central para el ritmo sagrado del tiempo medieval en Europa. No es sorpresa que cuando los reformistas querían protestar contra la iglesia en el siglo XVI, comían salchichas durante un ayuno.

4) Reiná con victoria

Guillermo el Conquistador fue coronado en Navidad en 1066. La Navidad es un momento ingenioso para inaugurar un reino: podés aludir a la imaginería clásica de la entrada triunfal de un emperador en la ciudad, su venida. Justo como el reino de Dios que llega al mundo en el niño Jesús, también tu propio reino podría nacer en Navidad.


 5) Poné el mundo patas para arriba 

Si tus gustos no coinciden con una coronación imperial al máximo, ¿por qué no celebrar Navidad invirtiendo la jerarquía social? Espejando las tradiciones paganas, las inversiones de orden ocurrían a lo largo de la sociedad medieval en la época de Navidad. Una de las más coloridas era la elección del niño obispo, que presidía las procesiones y los rituales de la iglesia durante la celebración del Día de los Inocentes el 28 de diciembre.

En una muestra superviviente del sermón de un niño obispo, este deseaba que todos sus maestros de la escuela terminaran en las horcas de Tyburn.

Una crónica registra cómo, en la Abadía de San Gall en el siglo X, el rey Conrad trató de distraer la procesión de niños esparciendo manzanas en el camino. Los chicos, sin embargo, fueron tan disciplinados que no tocaron ni una manzana.

A veces, la inversión podía estar menos controlada: en 1523 en la taberna de la Corte de Londes, un “señor mal gobernado“ fue responsable por una muerte.

6) ¿Qué hacemos con el árbol?

Los árboles de hojas perennes aparecen en la vida ritual de muchas culturas, pero los árboles de Navidad medievales son difíciles de rastrear. Tenemos referencias lejanas, particularmente de la Edad Media tardía, pero su popularidad no estalló hasta el siglo XIX.

Como alternativa, podés decorar tu casa con velas (¡sin electricidad!), hiedra y acebo. Los regalos no eran tan frecuentes el 25 de diciembre, sino en Año Nuevo, o cualquier otro día durante la temporada de la Navidad.

7) Cantá dulces melodías

Los villancicos se multiplicaron hacia el fin de la Edad Media, un signo de la creciente importancia de la Navidad. Frecuentemente son ‘macarrónicos’, es decir que unen el latín aprendido en la escuela con lenguas vernáculas, y por ende mezclaban lo alto con lo bajo, lo divino con lo humano, de manera textual. A medida que la devoción por la Virgen María aumentaba, estas canciones de Navidad frecuentemente alababan su pureza:

“Ther is no rose of swych vertu
As is the rose that bare Jhesu.
Alleluya.
For in this rose conteynyd was
Heuen and erthe in lytyl space,
Res miranda (translation: what a wondrous thing).”

Otros villancicos eran menos piadosos:
“The boar’s head, I understand,
Is chief service in all this land;
Wheresoever it may be found,
Servitur cum sinapio (translation: it is served with mustard).”

Muchos de los villancicos medievales que cantamos hoy tienen su ritmo regularizado y sus armonías reescritas para adecuarse a nuestro gusto. Si sos un purista, regresá a los ritmos complejos y las intrincadas líneas entrecruzadas de los villancicos de manuscritos. O podría gustarte acompañar tus villancicos con gaitas, asociadas a los pastores que cuidaban a sus rebaños.


8) ¿Qué comemos?

Sabemos que la cabeza de jabalí estaba en el menú por los registros de los banquetes de Navidad de Richard de Swinfield, obispo de Hereford en el siglo XIII. Junto al jabalí, Richard servía carne de res, venado, perdices, ganso, pan, queso, cerveza y vino.

La Navidad también era un momento para la caridad y para compartir comida –en la Navidad de 1314, algunos aparceros en North Curry, Somerset, recibieron hogazas de pan, carne y jamón con mostaza, sopa de pollo, queso y tanta cerveza como podían beber en un día. Los regalos de comida a veces eran forzados: para mantener el derecho de criar conejos, el pueblo de Lagrasse tenía que dar su mejor conejo al monasterio local cada Navidad.

Una de las principales características de la comida medieval era su variedad estacional, así que tenés que conseguir tu comida de lo que tengas alrededor, saborizadas con condimentos como pimienta, jengibre, clavo de olor y azafrán.

Las comidas que no verás en el menú incluyen chocolate y pavo, que llearon a España bajo el reinado de Fernando II en el siglo XVI.

 9) Tené una visión

Las historias bíblicas del nacimiento de Jesús estaban frecuentemente complementadas por otras historias de visiones en el mundo medieval. Si una visión no te es garantizada, podrías piadosamente meditar en las de Santa Brígida de Suecia, una santa del siglo XIV: Santa Brígida vio el vientre de María “muy pesado e hinchado”, y, mientras ella rezaba, “el niño en el vientre se movía, y en ese mismo instante, en un parpadeo, (María) dio nacimiento a su hijo”

10) Construí un pesebre

Para completar tu Navidad medieval, armá un nacimiento en una cueva. Ya sé lo que estás pensando: ¿no sería más bíblico un establo, o una posada? No pongas énfasis en ese tipo de precisión histórica, ya que esta ni siquiera fue un punto a considerar hasta el siglo XVI.

Estarías siguiendo el ejemplo de San Francisco, quien como es sabido armó un pesebre en una cueva en Greccio. Las historias más antiguas refieren que San Francisco estaba tan emocionado por el nacimiento que, en el momento en que pronunció la palabra “Belén” durante la misa de Navidad, su voz sonó como el balido de un cordero.

Autor: Dr Matthew Champion, de St Catharine's College
Traductora: Isabela (Marisa García)