miércoles, 30 de mayo de 2018

23 de junio: Encuentro marcial y cultural en Villa Cerini

El sábado 23 de junio viviremos un sábado diferente en la Sala de Armas de Peregrinus Albus, ya que a partir de las 16 hs. recibiremos la visita del Campamento Medieval de Aldeanos Peregrinos, y a todas las personas que deseen acercarse a disfrutar de todas las actividades que estamos preparando.


Como escuderos de la Fortaleza Cerini, los invitamos a participar de un entrenamiento en las diferentes armas cuyo uso debía conocer todo caballero en la Edad Media: espada, escudo, lanza, puñal y... armadura. 



 
El encuentro comenzará a las 16hs en la confitería del club, con la presentación de nuestros juglares, quienes evocarán historias pasadas de armas y de armas tomar, rimadas, narradas, cantadas.




A las 18.15hs, el Heraldo convocará a las armas para dar comienzo a la clase abierta al público, con la propuesta de un recorrido de postas temáticas en grupos. Cada posta presentará una nueva arma con ejercicios propios.


Mientras tanto, ofreceremos una charla interactiva sobre armas y armaduras con recreaciones de combate, que podrán apreciar antes y después del recorrido.

Estará presente nuestro Rincón de Fotografías, en el cual todos pueden soñar quiénes habrían sido en la Edad Media. Se provee vestuario, armas y armaduras de nuestra agrupación, que permiten perpetuar este encuentro con un recuerdo fotográfico. 





A las 20.30hs celebraremos el fin del encuentro todos juntos con danzas históricas que aprenderemos a bailar gracias a la coordinación de la alcaldesa y la ayuda de los aldeanos de Peregrinus Albus que asisten a los talleres regulares de danza.

Finalmente, y para dar la bienvenida al invierno, podremos degustar Ypocrás (Vino Especiado). También quienes lo deseen podrán gozar de una cena en el bar del club (tanto la degustación de nuestra Taberna como la consumisión en el Bar Cerini son opcionales y no están incluidas en el valor de la entrada)


Cuándo: el sábado 23 de junio de 16 a 21 hs

Dónde: en la A.F.C Villa Cerini, Arias 4745, C.A.B.A.
Entrada general: $100.
Miembros de Peregrinus Albus: gratis
Menores de 12 años: gratis


Todos los participantes que tengan entrada o bono por contribución voluntaria participarán de los sorteos a realizarse durante la Cena de Aniversario de Peregrinus Albus, que serán transmitidos por nuestras redes sociales.


miércoles, 23 de mayo de 2018

El escritor del puñal





Eze forma parte de los miembros de la Sala de Armas de tercer nivel, en la clase de Avanzados. Le pedí que escribiera acerca de su experiencia personal en el entrenamiento con cuchillo, ya que lo noté -desde afuera- mucho más seguro en su uso. Así que, con su peculiar sentido del humor, armó este texto. ¡Gracias, genio!

Isabela.-

El escritor del puñal

                Mi primer contacto con el cuchillo fue con la mirada. El Oso nos dijo que aprovecháramos los descansos para observar a los niveles más avanzados y así tener una idea de a qué podíamos aspirar. Entre tantos espirales con los brazos y vertiginosos movimientos, la idea del cuchillo era bastante clara: Es un palo más corto que el palo más largo... Emmm, bueno... no tan clara.

  
                Cuando al fin empecé a entrenar con el cuchillo, los primeros ejercicios aún resultaban algo crípticos: la finalidad de tirar golpes al aire de larga trayectoria y defenderlos con un cuchillo parecía ser simplemente generar los *toc* característicos del golpeteo de madera. Lo que hacíamos en realidad era medir distancias, entrenar e incorporar la dimensión del tamaño del cuchillo. Éramos bebés tirando objetos y yéndolos a buscar, para conocer nuestro alcance y ver qué tan lejos es ese lejos que vemos con los ojos. Buscábamos sentir el cuchillo, hacerlo parte natural de uno mismo... y quedar totalmente rebanados en el proceso.


                Las técnicas más interesantes se daban en el combate cuerpo a cuerpo (lógicamente, ya que de arrojadizos aún no hemos visto nada). Al momento de realizarlas sucedía una de dos cosas: o terminabas con una puñalada triunfal por la espalda del enemigo luego de derribarlo, o te perdías en brazos y piernas enmarañados que resultaban en incómodas y vergonzosas poses. Lo cierto es que, dentro del contacto físico y control de la técnica, había letalidad e incertidumbre en el resultado del ataque. Pero miedo nunca. El cuchillo ciertamente compromete hasta el fin, obliga a tener un desenlace ya sea favorable o doloroso, y requiere ensuciarse un poco. 

              
             Al continuar el entrenamiento como parte de los niveles avanzados, los espirales se hacen más pequeños, lo planeado siempre cambia o sale mal, y se evidencian otras cuestiones, ocultas en un principio, del arma. El puñal cansa, y mucho; quizás más que la espada. Al descontracturar el combate, al ser más libre y menos lineal que en los niveles iniciales, el mayor esfuerzo físico no es el movimiento de los brazos sino la traslación. Debido a la liviandad del cuchillo, los movimientos se aceleran y los tiempos se acortan. Cubrir mayores distancias velozmente para compensar la longitud del cuchillo, evadir inminentes ataques en vez de defenderlos, posicionarse y reposicionarse todo el tiempo para evitar quedar vulnerable y escapar rápidamente luego de un dulce intento de homicidio aumentan considerablemente el desplazamiento que uno debe efectuar durante la acción. Todo esto agota más de lo que uno podía ver con la mirada del principio.

                 
               Hoy en día, el momento en el que utilizo un cuchillo en una demostración es sinónimo de mayor ritmo cardíaco y sudor. Probablemente el Oso, luego de un grito sorpresivo indicando que usemos solo el cuchillo, empezaría a dar zancadas y revolear los brazos por todos lados, y yo tendría que actuar en consecuencia ágilmente para, ante la amenaza, poder esconderme entre el público... Con algo de suerte sobreviviré para otro evento, en el que estaré mejor preparado para arrojar dagas desde un lugar seguro...


Ezequiel Corellano.

domingo, 22 de abril de 2018

¡A jugar!

Los talleres de juegos de tablero de la Edad Media están entre mis favoritos del Campamento Medieval de Aldeanos de Puertafuera. Y a mi hijo le encantan los tableros y las fichitas, ¿ya estará en edad de aprender a jugar?



Siempre me gustaron los juegos de mesa, y no es la excepción lo que ocurre con el molino y los juegos de cacería. Sí, está bien, cada vez voy aprendiendo un poco más las reglas y, aunque me caracterizo por ser infinitamente más intuitiva que estratégica, "me salen" más tácticas para comer fichas o huir de una movida fatal. Y es que la mente se agiliza, aún cuando no tomemos conciencia.

El nine men's morris, o juego del molino, es tan simple y complejo a la vez que todos deberíamos seguir jugándolo en nuestros tiempos libres tanto como el chinchón o el dominó. ¡Es genial! Aquí les dejo una imagen del tablero según el "Libro del Axedrez, dados e tablas" de Alfonso el Sabio en el siglo XIII:


 Y acá una de un encuentro del Campamento el año pasado:


Mañana volvemos a encontrarnos para jugar. Si no conocés las reglas, a las 19 hs podrás conocerlas, ya que es el juego con el que arrancaremos la noche. ¡Así que llegá temprano! Los demás juegos también son divertidos y súper interesantes... pero este es mi favorito. ¡Te espero mañana!

Isabela

Sede: Casco Histórico
Bono contribución: $150
Precio para miembros: $50

Ex estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires: Gratis
Para consultas y reserva: campamento@peregrinusalbus.com.ar

domingo, 18 de marzo de 2018

La seguridad en la Sala de Armas


Este texto lo escribió el miembro de nivel 3, clase de alumnos avanzados, Santiago Casini

Se dice que para aprender a nadar, no basta con leer sobre hidrodinámica o hacer brazadas en el aire: hay que tirarse a la pileta. Llevado a las artes marciales, podemos suponer que para aprender a pelear, hay que pelear. Sin embargo, ¿alguien en su sano juicio empezaría a practicar natación tirándose a un río caudaloso o a un mar agitado? ¿Quién se metería a una clase en la que todos los días se revolean armas de madera? Es obvio que por algún lado hay que empezar, y de ahí, ir mejorando, hasta estar cada vez más seguros: de nuestras capacidades de mantenernos salvo, y de mantener a salvo a los demás.

 

Desde mi primer día en la Círculo de Esgrima Medieval Europeo de Peregrinus Albus, hace tres años cuando me acerqué tímidamente a participar de la clase de prueba, empuñé una espada de madera. Me tiré a la pileta, aunque bien acompañado. No era la primera arte marcial con armas que practicaba, pero sí era la primera en la que era obligatorio usar guantes en todo momento. Me pareció a la vez raro, y a la vez un alivio: chocar armas siempre expone los dedos y produce astillas. Nuestra vestimenta, además, ya sea que tuviéramos o no la túnica de entrenamiento, debía cubrir brazos y piernas sin dejar piel expuesta (siempre que pudiéramos, ¡sigue siendo un desafío cuando hace calor!).

Pero la cosa no terminaba ahí. Sargentos e instructores me enseñaron a estar a una distancia mínima de seguridad, de un brazo y el arma extendida, respecto de mis compañeros a mis lados. Me enseñaron que, ante la menor duda de qué es lo que mi compañero está intentando hacer, debía tomar distancia, resguardarme.


Me sorprendió particularmente el requisito para pasar al primer nivel de entrenamiento, que se aplicaría de forma similar al pasar a niveles superiores. No era el número de técnicas que fuéramos capaces de ejecutar, de cuántas posturas adoptáramos o cuán correctamente, no era la velocidad ni la fuerza ni el aguante (todo eso lo practica cada cual según puede o quiere): sólo después de haber enumerado las medidas de seguridad se me otorgó la cinta acero y leonado de primer nivel. Conforme aprendiera y puliera mis habilidades, se esperaría más de mi capacidad de mantenerme a salvo y cuidar a mis compañeros. El poder conlleva responsabilidad.
Con el tiempo pasé a blandir armas pesadas, más de lo que haya visto en otras artes marciales, y aprendí cómo no exigir músculos y articulaciones en el proceso. Cada año se realiza una clase dedicada exclusivamente a cómo resguardarnos a la hora de caer al piso. A la hora de derribar a un compañero, aprendí a acompañarlo al suelo o dejarlo caer según su nivel. Fui subiendo la velocidad de entrenamiento, fui puliendo mi técnica para que cada movimiento resultara efectivo, sin desperdiciar energía. Cada día nos acercamos más a lo que un combate real sería. Adquirimos nuevo equipo de protección para aumentar la intensidad.


Creo que supe ese primer día, tal como lo sé hoy más de tres años después, que estaba donde quería estar. Demasiadas veces he visto compañeros de artes marciales lastimados innecesariamente, por no mantener distancias, por no tomar precauciones hacia sí mismos y hacia sus compañeros. Lo peor es que muchos seguían practicando sin haber sanado, convencidos de que, por alguna razón, seguir exigiéndolas y soportar el dolor era algo de lo que debían enorgullecerse. Obviamente, sólo empeoraron, y finalmente el cuerpo los obligó a hacer lo que debieron desde un comienzo: tomarse un descanso y sanar. En retrospectiva, sufrí menos lastimaduras innecesarias en tres años de chocar armas en cada clase que en artes marciales de contacto en las que “hay que aguantarse”.

Siempre mantuve en mente las medidas de seguridad de la sala y puse especial cuidado en transmitirlas. No es que no disfrute de un combate acelerado y feroz. No es que acate las reglas sin sopesarlas y sin cuestionarlas. Supe el primer día que estaba en el lugar correcto porque todo concordaba con un ideal que tuve desde mis inicios en las artes marciales, que luego comprobé era también la piedra angular en el ideal Peregrino: la esgrima es para todos.


Conocí de primera mano la manera en que las artes marciales ayudan a formar carácter, a enfrentar miedos e inseguridades, a cada día dar un paso más hacia ser la versión de nosotros mismos que anhelamos. La triste realidad es que las artes marciales asustan a muchas personas, retratadas como disciplinas exigentes y rigurosas que requieren de grandes proezas para ser practicadas. Mi sueño es que hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, de todas las capacidades físicas, puedan fortalecerse día a día desde el humilde comienzo hasta donde cada cual elija. Los Peregrinos damos nuestros pasos en esa dirección.